Al final de luz, un mar que parecía no caberte en la mirada y que ahora
invita a conectar la piel de nuevo, a recargarse con esa similitud y relación que surge en esos callejones que morbosamente, entre muro y muro, invitan a imaginar lo inesperado.
Te reconoces, al fin se aprecia cercana la esencia de la no ausencia, dejando tras uno mismo la ceguera intuitiva que acentuaba tanto la sensación de vacío, así pues, pensar cuando nada es explicable
la existencia, cambia según cada individuo y su estado vital. Y sin pensar seguimos,sin decir nada que no sea dicho ya por otros habiendo llegado ya a este extremo, solo nos queda acentuar que nos sentimos y punto, lo demás queda atrás.
Finalmente, corrientes melancólicas, voltajes altísimos de sueños dan lugar al golpe inusitado que aviva y reafirma el conocimiento de uno mismo dándote un par de dados, un complemento para el alma y un modelito de ropa interior que nunca esta de más.
Isabel Teruel del Rio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario